Leía con pasión aquel libro porque hablaba de mí, de mis problemas, de mis conflictos, de mis sufrimientos… de pronto me detuve en una frase, una pregunta. La pregunta quedó flotando en el instante, en el límite mismo, frente al abismo del ahora. Todo mi ser quedó suspendido de aquella pregunta que no tenía respuesta. La pregunta se refería no sólo a una parte de mí sino que involucraba todo lo en aquel momento era, a todo mi pasado, mi presente, mi futuro.
Miré a través de la ventana, un amplio horizonte se abría más allá de la ciudad. Al fondo, el cielo nocturno estaba cargado de nubes eléctricas.
Volví a plantearme la pregunta sin oponerme a ella… en ese mismo instante un rayo abrió en dos la noche penetrando de lo profundo a lo profundo
…
el relámpago exterior coincidió con el interior o el exterior se hundió en mí arrasando la pregunta:
¿quién controla al que controla?
Su luz se disolvió en el fondo borrando toda ansiedad, toda duda. No había respuesta verbal, la respuesta surgía de la pregunta como un hecho, como una vivencia, sin tiempo. No había un quien, solo ese fondo vacío.
Me levanté asombrado, algo aturdido, quizá asustado. Algo había pasado aunque no supiera exactamente qué.
Todo el conflicto, ansiedad y sufrimiento acumulados durante tantos años se habían disuelto como el rayo en aquel fondo vacío.
Salí de la habitación, crucé el comedor hasta el balcón. El mundo era el mismo pero había cambiado. Recuerdo la sensación de libertad en un espacio que nunca había percibido, un espacio lleno de armonía entre los majestuosos edificios. La fealdad de la ciudad había desaparecido. Interiormente sentía paz infinita y euforia, alegría inmotivada y esta paz, esta alegría se extendía por el espacio sin distiguir entre dentro y fuera. Sin más pensamientos que los necesarios para poder moverme por el piso sin perderme o encender un cigarrillo, el silencio era el fondo de todo sonido y ese fondo escuchaba, veía, sentía lo que me rodeaba. No había sensación del paso del tiempo, un movimiento atemporal que abrazaba el ahora era todo lo que existía. No me importaba lo que había sido en el pasado ni lo que sería en el futuro.
Solo existía el ahora. No había temor.
No estaba asustado, todo lo contrario, pero ¿cómo contar a mis compañeras de piso lo que me había ocurrido? Qué era exactamente lo que podía contar: porque lo extraordinario no era la sensación de paz y armonía, que vivía como algo completamente normal, y sentía, por decirlo así, como el estado natural del ser, no como un recuerdo sino como algo vivo y ocultado que siempre había estado ahí aunque no me hubiera dado cuenta… lo extraordinario era cómo se había producido. Y eso no tenía explicación y, por tanto, no podía ser contado o yo no sabía cómo hacerlo.
Lo mantuve en secreto incluso para mi compañera. Quizá intenté balbucear algunas palabras, solo recuerdo que me entregué con todo mi cuerpo, mi ser, a ella cuando llegó del trabajo. Sentí que era la única manera de comunicarlo.
Al día siguiente me levanté con la inquietud de que aquello hubiera desaparecido. Sin embargo, seguía ahí y ahí siguió durante algún tiempo. No recuerdo cuanto. Lo que sí recuerdo es que aquello afectó profundamente a mi vida. Dejó de preocuparme la búsqueda permanente de satisfacción y placer, dejó de interesarme la búsqueda compulsiva de conocimiento, dejó de interesarme el llegar a ser distinto de lo que era. De alguna manera aquello era la certeza de ser completamente, no había necesidad de lograr algo distinto. Toda idea de realización personal desapareció integrándose sin esfuerzo en la vida cotidiana. Empecé a cuidar la alimentación, el cuerpo, sin necesidad de esforzarme en ello. Era como el resultado natural de aquella felicidad no buscada.
Con el tiempo quise saber qué me había ocurrido. Quizá ese fue el comienzo de la degradación de la vivencia o quizá ocurrió al contrario: el hecho de que fuera disminuyendo me llevó a buscar la manera de repetirla, acrecentarla.
Comencé a buscar de manera cada vez más compulsiva. Leí a Krishnamurti, a Alan Watts, a Aldous Huxley, a Salvador Pániker, a Juan de la Cruz, a los primitivos maestros del Tao, del Chan, del Zen… La búsqueda, el deseo de ser distinto a lo que era, volvió de forma paulatina, casi sin darme cuenta. Otra vez huyendo de mí mismo.
Pero ¿quién era el que huía y hacia dónde? ¿Cómo es posible huir del ahora? ¿Por qué desapareció, si es que desapareció. o simplemente fue tapada por nuevos conocimientos, conflictos, ansiedades, imágenes, pensamientos? Aquella liberación producida por el rayo de la atención pudo ser solo sensación, solo el alivio que se produce al terminar un sufrimiento profundo, un intervalo entre dos estados de sufrimiento o mi estado natural. No lo sabía. De nada valía que recordara si hubo un antes, ni cómo era yo cuando niño, antes de que todo este sufrimiento que yo era hubiera empezado.
Hubo nuevos acercamientos a eso después. Ahora que lo estoy contando puedo ver que cada nuevo acercamiento no significó una evolución, sino una profundización... ni siquiera una profundización… es… es más bien un movimiento abarcador, comprehensivo, sin relación alguna con el tiempo, en el instante.
Con el tiempo volví a vivir en un estado de ansiedad y sufrimiento. Ocurrieron algunas desgracias objetivas, nada que yo inventase, pero gran parte de esas desgracias eran producidas por la manera en que las afrontaba y vivía. Caí en una depresión que me llevó al aislamiento, a la impotencia y a un deseo permanente de muerte.
Toda mi vida había ido de decepción en decepción. Pero solo puede haber decepción cuando hay expectativas, cuando se espera un resultado o la continuidad de algo. Para no caer en esa continua decepción uno deja de esperar nada, de querer nada... y entonces cae en una depresión.
Tras muchos fracasos uno deja de luchar. Quizá se consuele con la idea de que por lo menos lo ha intentado. O deja de luchar, definitivamente . Deja de luchar no interiormente, a causa de la comprensión de la futilidad de la lucha, sino exteriormente. Este exterior puede abarcar también la superficie de la conciencia. Hay por tanto dejación, ausencia de lucha en lo exterior, en la mente superficial, aunque en lo interior profundo esa lucha continúa alimentando la esperanza. De ahí que la decepción suceda una y otra vez, se regenera.
¿Puede esa lucha y la esperanza que la alienta terminar completamente? No es que me hiciera por entonces esta pregunta. Me mantenía gracias a esa ilusión subterránea que de vez en cuando afloraba de múltiples maneras, a pesar de que no creía en ella. No conocía otra manera de vivir.
No me refiero, por supuesto, a la lucha legítima por cambiar las condiciones de vida, lograr lo necesario para tener una vida digna, sino a esa otra que se entremezcla con aquella hasta parecer una sola: me refiero a la continua lucha por ser mejor, distinto a los que se es, autorrealizarse, tener más, mejor posición, más prestigio, más de esto o aquello, sea esto o aquello algo material, psicológico o espiritual. ¿Puede esa lucha terminar? Porque si no termina estamos condenados a caer una y otra vez en la decepción y la vida se convierte en un continuo o intermitente sufrimiento.
Había perdido la pasión por vivir una vida sencilla, sin apegos ni
propósitos, sin ayer ni mañana y me había lanzado a la aventura de
construir una imagen verdadera de mí mismo y del mundo y ahora solo
tenía cenizas en las manos.
Un día, un fuerte dolor en el costado me llevó a urgencias. El dolor físico dejó el sufrimiento emocional y psíquico en un segundo plano. Cuando el dolor es muy intenso no hay temor. Se trataba de un cólico nefrítico con infección e inflamación del riñon que me tuvo siete días ingresado en el hospital. Una tarde, aún no habían venido a visitarme mi compañera ni mis hijos, la puerta de la habitación se abrió y asomó una cabecita risueña que no conocía. Prefiero no hablar de ella, solamente de lo que me trajo G.: una botella de aceite ecológico de mi amigo Manuel y un nuevo acercamiento a aquello que yacía enterrado en el fondo de mi ser, una nueva revolución, la que ha originado estos escritos. Yo solo dije: no me conformo con sucedáneos, pero ella estaba allí, con su esperanza y su misterio, hablando de la Gran Obra Maestra que la Vida era. Fue su misterio, no su esperanza, el que avivó la llama que yacía sepultada en lo profundo desde aquella liberación primera.
Volví a K (Krishnamurti), al que no leía desde hacía años, no en busca de la verdad sino de la herramienta que me permitiera desescombrar mi conciencia. La herramienta afinó los sentidos, ordenó la mente. Yo era mi conciencia y mi conciencia era todo el contenido, mi pasado y la proyección de este pasado en el futuro. Aquello volvió con cierta particular intensidad, quizá porque ya no me importaba perderlo todo, quizá porque ya estaba perdido y por eso ahora es posible.
Narro estos acontecimientos de mi vida no porque sean importantes en sí, ni porque sean relevantes para el que los cuenta, ni porque quiera demostrar nada a nadie, nunca antes había hablado de esto en público, quizá solo pretendar devolver a la vida lo que esta me dio.
No basta con vivir el ahora, ni con saber que el ahora es todo lo que existe, es preciso comprenderlo y decirlo. No pretendo desarrollar una nueva teoría sobre la Vida, el Universo o el Todo. Dejo eso para lo que dicen que saben, los especialistas, profesores, filósofos, maestros, iluminados. Ni siquiera voy a contar mis experiencias, simplemente les invito a iniciar conmigo una investigación sobre el movimiento, completamente distinto a todo lo conocido, que se inicia a partir de esa revolución por la cual empiezas a darte cuenta de la importancia que tiene comprender el ahora. Si solo es posible vivir en el presente, lo cual parece lógico y coherente, resulta de suma importancia comprender qué no es y qué es el ahora.
Si hemos comprendido que somos el pasado y este pasado hace que nuestras vidas sean un continuo e insignificante girar y girar del conflicto al sufrimiento, quizá si tenemos suerte gozaremos de pasajeros momentos de felicidad... por qué no cambiar. Por qué no investigar si es posible vivir de otro modo.
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No sé que es el ahora
Miraba la exuberante vegetación alrededor de la casa de campo que mi padre había alquilado para veranear a unos pocos kilómetros de la ciudad, en el Puente de la Sierra, junto al río de Jaén. Era un viejo edificio que durante el invierno servía de escuela a los niños de los hortelanos de la vega. Tenía un aula cerrada y oscura y una pequeña capilla. Nosotros ocupábamos las dependencias de los maestros. En las siestas mi mundo se circunscribía a los jardines que la rodeaban. Bajo la sombra del porche contemplaba quizá extasiado los movimientos de los minúsculos insectos como en la cresta de luz de una ola. Un ansioso aleteo en el suelo llamó mi atención. Un polluelo de gorrión trataba de ocultarse entre las secas hierbas del suelo. Un primitivo instinto hizo que me abalanzara sobre él para cogerlo, apresarlo, hacerlo mío. Un instante después sentía como se agitaba asustado entre mis manos. Quise mirarlo despacio para gozar de su frágil vida. Al abrir mis dedos sentí que se escapaba. Mi torpe impulso fue cerrarlos, apretarlos sobre él para que no se fuera. Como cortando el corazón de su raíz sentí en mi pecho la navaja del miedo. Lo solté asustado. El pajarillo herido y el niño eran uno. Un instante después, los dos muertos. Ciegos en el éxtasis de la luz. Terrible impacto, la muerte ahora.
De un golpe aprendí que la vida no puede ser controlada, sujeta, ni apresada. Pero ¿sería capaz de vivir con las manos abiertas?
Este es uno de mis primeros recuerdos, si no el más antiguo.
No sé lo que es el ahora. Ya sé que incluso me permití incluir un índice, según el cual el presente es
Pero realmente no sé lo que es, aunque perciba que es una sola y única acción no fragmentada.
Por tanto, el ahora no se halla dividido en atención, mente, cuerpo y conciencia. El presente es esos cuatro movimientos o campos energéticos, simultáneamente, en un solo movimiento que ve, abraza, siente y vive.
A la conciencia del ahora sin el movimiento del tiempo la llamamos vida. No sé lo que es aunque pueda percibirla a través del cuerpo. Igualmente percibo la mente a través de las relaciones entre las partes y de estas con el todo, aunque tampoco sepa lo que es.
Acción, atención, discriminación, sensación, conciencia. La discriminación es la acción de la mente que permite orientarnos. No es conocimiento adquirido por educación o condicionamiento.
Como no sabemos lo que es no podemos partir del conocimiento propio o de lo que los demás han dicho. Es preciso vivirlo. Pero ya vivimos en el presente, esto es un hecho. Nadie medianamente cuerdo pondría en duda esto. Vivimos en el presente, lo cual no quiere decir que vivamos el presente ya que somos el pasado, nuestros recuerdos y experiencias, nuestras esperanzas y objetivos.
Al darnos cuenta de que somos el pasado y su proyección, la conciencia queda envuelta en el presente. La conciencia, lo que realmente somos, lo que sabemos o recordamos. Aún así no lo comprendemos, Para comprenderlo es preciso que el contenido de la conciencia sea percibido y cese su ruido.
Al cesar hay percepción de la vida moviéndose en el ahora. La vida es ahora, pero no hay un yo, no hay un centro, no es poder, no sirve para conseguir otra cosa. Nadie puede experimentar el ahora. El ahora no es el intervalo entre dos pensamientos. Por eso es un poco tonto decir “yo soy eso”. Mientras que haya un yo eso no es sino pasado, recuerdo, conocimiento, pensamiento, tiempo.
De un golpe aprendí que la vida no puede ser controlada, sujeta, ni apresada. Pero ¿sería capaz de vivir con las manos abiertas?
Este es uno de mis primeros recuerdos, si no el más antiguo.
No sé lo que es el ahora. Ya sé que incluso me permití incluir un índice, según el cual el presente es
Atención
Mente
Cuerpo
Conciencia
Pero realmente no sé lo que es, aunque perciba que es una sola y única acción no fragmentada.
Por tanto, el ahora no se halla dividido en atención, mente, cuerpo y conciencia. El presente es esos cuatro movimientos o campos energéticos, simultáneamente, en un solo movimiento que ve, abraza, siente y vive.
A la conciencia del ahora sin el movimiento del tiempo la llamamos vida. No sé lo que es aunque pueda percibirla a través del cuerpo. Igualmente percibo la mente a través de las relaciones entre las partes y de estas con el todo, aunque tampoco sepa lo que es.
Acción, atención, discriminación, sensación, conciencia. La discriminación es la acción de la mente que permite orientarnos. No es conocimiento adquirido por educación o condicionamiento.
Como no sabemos lo que es no podemos partir del conocimiento propio o de lo que los demás han dicho. Es preciso vivirlo. Pero ya vivimos en el presente, esto es un hecho. Nadie medianamente cuerdo pondría en duda esto. Vivimos en el presente, lo cual no quiere decir que vivamos el presente ya que somos el pasado, nuestros recuerdos y experiencias, nuestras esperanzas y objetivos.
Al darnos cuenta de que somos el pasado y su proyección, la conciencia queda envuelta en el presente. La conciencia, lo que realmente somos, lo que sabemos o recordamos. Aún así no lo comprendemos, Para comprenderlo es preciso que el contenido de la conciencia sea percibido y cese su ruido.
Al cesar hay percepción de la vida moviéndose en el ahora. La vida es ahora, pero no hay un yo, no hay un centro, no es poder, no sirve para conseguir otra cosa. Nadie puede experimentar el ahora. El ahora no es el intervalo entre dos pensamientos. Por eso es un poco tonto decir “yo soy eso”. Mientras que haya un yo eso no es sino pasado, recuerdo, conocimiento, pensamiento, tiempo.
Religión y religiones
Las religiones organizadas hacen de Dios una idea. A continuación estructuran su lenguaje y su discurso alrededor de esta idea.
Los místicos, sin embargo, hablan de vivenciar lo sagrado. Explicarlo de manera adecuada parece ser una actividad, al que unos más otros menos, no le dan demasiada importancia. La pereza, el miedo a las represalias, la negligencia, la conveniencia hace que transformen su vivencia en experiencia y que sus descripciones se encuadren en el lenguaje doctrinal, estructurado de las organizaciones religiosas en que viven. Pero, ¿a qué pueden llamar su vivencia de Dios sino a la vivencia del ahora? Puede que intenten camuflarlo recurriendo a la tradición, a los escritos sagrados, a las palabras del maestro fundador, pero si realmente han visto eso, si realmente han vivido y sido ahora… por qué siguen hablando de Dios.
El ahora contiene toda la energía (que es atención), toda la materia (para nosotros el cuerpo, el mundo), toda la mente (las relaciones o razón), toda la conciencia (su contenido). Místico es el que percibe, es, vive, comprende el ahora. No hay nada cerrado, arcano, oscuro en ello, aunque la palabra mística, signifique etimológicamente eso. Oscura es la manera de expresarlo, quizá por la dificultad de decir algo que se resiste a ser puesto en palabras, de describir algo donde ya no hay pensamiento ni, por lo tanto, lenguaje. Históricamente, por la necesidad de protegerse frente a los fundamentalismos religiosos que suelen dominar las religiones organizadas,
se puede concebir a Dios como principio o causa primera o como Todo que incluye a este principio. Según la primera de estas concepciones, Dios no es exactamente Todo, a no ser que hagamos malabarismos lingüísticos para explicar como el principio es causa y todo. Según la segunda, Dios es Todo y por lo tanto incluye su principio.
A mi modo de ver ninguna de las dos concepciones aclara demasiado acerca de la idea de Dios. Es como dejarnos con la miel en los labios: después de prometernos la comprensión de lo más importante nos dicen: lo siento, no puede ser comprendido. Decir causa primera o Todo ¿es eso importante? ¿es significativo para mi vida? Ah, pero se realiza, se encarna en el hombre. Bueno, esto lo cambia todo… solo que o te crees el cuento, porque no deja de ser un cuento narrado por los creyentes del cuento, o no te lo crees. Lo que parece más cuerdo, más razonable. Y así andas, perdido.
Todo cambia al darte cuenta de que a pesar de todas las teorías que podamos elaborar con respecto a la Vida, Dios, Todo… lo único que tenemos es el momento presente. Sea lo que sea todo es ahora. Incluso lo que no es ahora, el futuro, el pasado es ahora. El darte cuenta de esto te da una tremenda energía. Ya no necesitas más a los intérpretes, a los maestros, a los sacerdotes. El no saber te da esa tremenda energía. Pero esto es todavía muy poco. Algo te lleva a preguntarte: ¿qué es exactamente esta cosa? Decir que es energía no te satisface, decir que es Dios no te satisface. Ves ahí la acción de la idea, de lo ya conocido, del pensamiento. Ves que eso está más allá del pensamiento porque cuando eres ahora el pensamiento calla. No es algo mecánico, algo que se repite a sí mismo sino que cambia de instante en instante, se mueve, es algo vivo, es inteligencia operando sin un centro. El centro significa una vuelta al yo como centro de la conciencia que observa. Y piensas: quizá Dios es esa inteligencia. A partir de ahí, al comparar eso con la inteligencia humana, que es todo lo que conocemos, es fácil darle apariencia humana, representarlo con barba sentado en su trono o blandiendo un rayo. Sin embargo, a nada es comparable o solo es comparable por las palabras que utilizamos para describirlo.
Hemos dicho que es inteligencia porque percibimos belleza, orden, armonía en todo, hemos dicho energía porque se mueve, no es estático ni mecánico, está vivo… pero no es la inteligencia, la energía que conocemos o podemos conocer. Esa inteligencia, esa energía solo es cuando yo no soy. Por tanto, me falta un término para la comparación.
La idea de Dios puede ser solo una convención que utilizan los místicos para referirse a esa energía, a esa inteligencia… pero a pesar de la convención eso es evidentemente mucho más que la causa primera o el todo.
Además está el problema del pensamiento como parte del todo. ¿Es el pensamiento energía degradada, ya que está basada en la contradicción y el conflicto, de aquella otra energía? ¿No hay una escisión entre la inteligencia y el pensamiento, entre el ahora y el tiempo? ¿Es la ignorancia parte de la inteligencia? ¿No se trata de dos movimientos totalmente distintos, aunque no opuestos?
Dicho en palabras tradicionales: si Dios es la inteligencia, Dios no es el Todo. Y entonces Dios tiene un problema con nosotros, algo se le escapa. Una parte de su creación le ha dado la espalda. Y no gracias al libre albedrío, sino a la ignorancia. El hombre no es causante de sus males, es su ignorancia. Pero ¿no es responsable de su ignorancia al confundir el conocimiento con la sabiduría fruto de la inteligencia, al perseguir la sabiduría a través del conocimiento?
Dios no ayuda, ya que no puede ser sino la idea de una causa primera o de Todo. Por eso el místico para expresar el ahora no tiene más remedio que dejar a un lado el lenguaje de las religiones organizadas, tiene que dejar a un lado la tradición, tiene que quedarse solo.
Los místicos, sin embargo, hablan de vivenciar lo sagrado. Explicarlo de manera adecuada parece ser una actividad, al que unos más otros menos, no le dan demasiada importancia. La pereza, el miedo a las represalias, la negligencia, la conveniencia hace que transformen su vivencia en experiencia y que sus descripciones se encuadren en el lenguaje doctrinal, estructurado de las organizaciones religiosas en que viven. Pero, ¿a qué pueden llamar su vivencia de Dios sino a la vivencia del ahora? Puede que intenten camuflarlo recurriendo a la tradición, a los escritos sagrados, a las palabras del maestro fundador, pero si realmente han visto eso, si realmente han vivido y sido ahora… por qué siguen hablando de Dios.
El ahora contiene toda la energía (que es atención), toda la materia (para nosotros el cuerpo, el mundo), toda la mente (las relaciones o razón), toda la conciencia (su contenido). Místico es el que percibe, es, vive, comprende el ahora. No hay nada cerrado, arcano, oscuro en ello, aunque la palabra mística, signifique etimológicamente eso. Oscura es la manera de expresarlo, quizá por la dificultad de decir algo que se resiste a ser puesto en palabras, de describir algo donde ya no hay pensamiento ni, por lo tanto, lenguaje. Históricamente, por la necesidad de protegerse frente a los fundamentalismos religiosos que suelen dominar las religiones organizadas,
se puede concebir a Dios como principio o causa primera o como Todo que incluye a este principio. Según la primera de estas concepciones, Dios no es exactamente Todo, a no ser que hagamos malabarismos lingüísticos para explicar como el principio es causa y todo. Según la segunda, Dios es Todo y por lo tanto incluye su principio.
A mi modo de ver ninguna de las dos concepciones aclara demasiado acerca de la idea de Dios. Es como dejarnos con la miel en los labios: después de prometernos la comprensión de lo más importante nos dicen: lo siento, no puede ser comprendido. Decir causa primera o Todo ¿es eso importante? ¿es significativo para mi vida? Ah, pero se realiza, se encarna en el hombre. Bueno, esto lo cambia todo… solo que o te crees el cuento, porque no deja de ser un cuento narrado por los creyentes del cuento, o no te lo crees. Lo que parece más cuerdo, más razonable. Y así andas, perdido.
Todo cambia al darte cuenta de que a pesar de todas las teorías que podamos elaborar con respecto a la Vida, Dios, Todo… lo único que tenemos es el momento presente. Sea lo que sea todo es ahora. Incluso lo que no es ahora, el futuro, el pasado es ahora. El darte cuenta de esto te da una tremenda energía. Ya no necesitas más a los intérpretes, a los maestros, a los sacerdotes. El no saber te da esa tremenda energía. Pero esto es todavía muy poco. Algo te lleva a preguntarte: ¿qué es exactamente esta cosa? Decir que es energía no te satisface, decir que es Dios no te satisface. Ves ahí la acción de la idea, de lo ya conocido, del pensamiento. Ves que eso está más allá del pensamiento porque cuando eres ahora el pensamiento calla. No es algo mecánico, algo que se repite a sí mismo sino que cambia de instante en instante, se mueve, es algo vivo, es inteligencia operando sin un centro. El centro significa una vuelta al yo como centro de la conciencia que observa. Y piensas: quizá Dios es esa inteligencia. A partir de ahí, al comparar eso con la inteligencia humana, que es todo lo que conocemos, es fácil darle apariencia humana, representarlo con barba sentado en su trono o blandiendo un rayo. Sin embargo, a nada es comparable o solo es comparable por las palabras que utilizamos para describirlo.
Hemos dicho que es inteligencia porque percibimos belleza, orden, armonía en todo, hemos dicho energía porque se mueve, no es estático ni mecánico, está vivo… pero no es la inteligencia, la energía que conocemos o podemos conocer. Esa inteligencia, esa energía solo es cuando yo no soy. Por tanto, me falta un término para la comparación.
La idea de Dios puede ser solo una convención que utilizan los místicos para referirse a esa energía, a esa inteligencia… pero a pesar de la convención eso es evidentemente mucho más que la causa primera o el todo.
Además está el problema del pensamiento como parte del todo. ¿Es el pensamiento energía degradada, ya que está basada en la contradicción y el conflicto, de aquella otra energía? ¿No hay una escisión entre la inteligencia y el pensamiento, entre el ahora y el tiempo? ¿Es la ignorancia parte de la inteligencia? ¿No se trata de dos movimientos totalmente distintos, aunque no opuestos?
Dicho en palabras tradicionales: si Dios es la inteligencia, Dios no es el Todo. Y entonces Dios tiene un problema con nosotros, algo se le escapa. Una parte de su creación le ha dado la espalda. Y no gracias al libre albedrío, sino a la ignorancia. El hombre no es causante de sus males, es su ignorancia. Pero ¿no es responsable de su ignorancia al confundir el conocimiento con la sabiduría fruto de la inteligencia, al perseguir la sabiduría a través del conocimiento?
Dios no ayuda, ya que no puede ser sino la idea de una causa primera o de Todo. Por eso el místico para expresar el ahora no tiene más remedio que dejar a un lado el lenguaje de las religiones organizadas, tiene que dejar a un lado la tradición, tiene que quedarse solo.
El poder del autoengaño
Me adentro en uno de los superventas que contiene la
enseñanza de un maestro de nuestra época. Uno de esos libros aptos para las
hordas de hambrientos consumidores de felicidad de esta virtual y sufriente
sociedad en crisis. Lo leo como un ejercicio de libertad no para contradecirlo.
Primero
define el Ser y luego dice que es accesible a usted ahora como su propio ser más
profundo, su verdadera naturaleza. Y luego, no
intente buscarlo, no trate de entenderlo, aunque luego te diga cómo
puedes conocerlo.
Primero parte de la conclusión, la definición, y luego dice
como llegar a la conclusión.
Define la iluminación no de manera negativa como el Buda, al
que cita previamente y, luego, comenta que usted
tiene que descubrirlo por si mismo. Unos párrafos después la define de
manera positiva como recuperación y permanencia.
Es precisamente al contrario. No existe la iluminación como
estado permanente. Lo recuperado es preexistente, lo cual es solo una repetición,
no hay nada nuevo en eso.
En cualquier caso permaneceremos atentos a que pudiera haber
un ser humano iluminado permanentemente, aunque no entiendo qué importancia
puede tener eso para cualquier otro ser humano. Sino despertar en él el deseo
de ser también un iluminado.
Está servido el primer plato del autoengaño.
Dice que la la palabra Dios
se ha convertido en un concepto cerrado, que prefiere la palabra Ser y que aunque
no puede ser definido es definido a continuación como realidad trascendental, lo infinito
invisible… y dice, contradiciéndose nuevamente que es imposible formarse una imagen mental de ello. Pero realidad trascendental, lo infinito
invisible… y otras frases confusas como
la sensación de su propia presencia, la experiencia del Ser son no solo
imágenes mentales, sino definiciones, conclusiones, imágenes de Dios, del Ser o
como usted quiera llamarlo.
La confusión en las palabras denota una mente perezosa para
la investigación.
Está servido el segundo plato del autoengaño.
Dice que la identificación
con su mente, es el mayor obstáculo para experimentar esta realidad (se
refiere al Ser, con mayúsculas). No explica que entiende por mente, pero la
frase denota que cree que hay una mente tuya, una mente mía, una mente de él.
Como muchos de los maestros iluminados no entiende qué es la mente, quizá
porque su mente está ofuscada con tanta luz. Vuelve luego a hablar de la
iluminación con un lenguaje que denota completa y perfecta familiaridad con el término
y su concepto, como algo que es normal en uno y, por eso, puede hablar con
completa normalidad de ello.
Más
adelante se explica: usted cree que usted es su
mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de usted.
Con lo cual venimos a saber que identifica mente y
pensamiento. Gran confusión. Mente es orden, proporción, razón, este es su
significado original según los creadores de la palabra, los griegos antiguos.
Este iluminado no ha resistido ni tres asaltos, pero aún nos
queda el postre, exquisito.
Dice La identificación con su mente crea una pantalla opaca…
entre usted y su propio yo, como si hubiera un yo impropio… usted y… usted y… usted y… usted y… (Aquí un
montón de conceptos más). Entonces olvida el
hecho esencial (algo que usted sabía y olvido, qué falta de humildad), usted es uno con todo lo que es (no lo olvide
amigo, repítaselo constantemente, de lo contrario está perdido).
Y se explica:
Con "olvidar" quiero decir que usted ya no puede
sentir esta unidad como una realidad auto-evidente. Puede que crea que es
verdad, pero ya no sabe que es verdad. Una creencia puede ser consoladora. Sin
embargo sólo a
través de su propia experiencia se vuelve liberadora.
Ya no puede sentir esta unidad, lo que quiere decir que la
sintió antes, aunque no lo recuerde. Bonita conclusión vendida como revelación
del que sabe al que no sabe. Por supuesto, se trata de una realidad
auto-evidente. Pero, dígame por favor, cómo sabe que es autoevidente: el que
sea evidente para sí misma (es decir, autoevidente) no quiere decir que tenga
que serlo para mí, o para usted o para cualquier otro.
¿Ya no sabe que es verdad? Alguien puede saber que algo es
verdad o la verdad es algo que surge cuando cesa todo tipo de saber.
Y por último: oh, dios, qué gran revelación saber que una
creencia puede ser consoladora y que gracias a la propia experiencia (como si
fuera posible la experiencia ajena) se vuelve liberadora. ¿Una creencia
liberadora? Esto sí que es un gran descubrimiento.
Otra vez la falta de creatividad en el lenguaje denota una
tremenda confusión, una profunda pereza por dominar el instrumento de
comunicación.
Qué magnífico e insuperable ejercicio de autoafirmación
negativa.
Si empiezas por la verdad de “no sé” investigas, pero si
empiezas por el “yo sé algo que usted no sabe” se apiñan un montón de incautos
a tu alrededor.
Así son los maestros de nuestra época. Sin ánimo de ofender
al aludido, pues creo en su sinceridad, lo cierto es que la mayoría de estos
maestros han descubierto una gran verdad: Haz como que sabes, halaga y
venderás. Ante esto ellos dirán: eres un intelectual, mira con tu corazón y no
con la razón. Tratan así de anular la capacidad crítica, la mente libre y no
condicionada, condición sine qua non
para que se haga efectivo el engaño.
Ante este tipo de textos, uno que es una persona sencilla,
que tiende a no creer lo que los demás dicen simplemente porque insistan de
manera más o menos sugestiva sobre los mismos conceptos, y creyendo en la
sinceridad de su autor, se pregunta:
Qué diantres le habrá pasado a este hombre, qué ha acallado
su pensamiento hasta el punto de no poderlo ver. Bajo qué tipo de autoengaño ha
quedado sepultado. Un auténtico misterio se abre aquí para el investigador
serio.
Una pista: más adelante habla de:
los procesos involuntarios de pensamiento que usted no
se da cuenta que puede detener
¿Que usted puede detener qué? Usted es el pensamiento
tratando de detener su pensamiento.
Lo bueno es que usted puede
liberarse de su mente. Escuche la voz de su cabeza, esté allí como si fuese un
testigo.
Pero ¿no se ha dado cuenta aún de que el testigo, el
observado es lo observado? Surge un grito de terror al vacío. Es necesariamente
urgente crear una entidad. Realmente es un hombre entrenado para no pensar sino
en lo que le conviene. Y así lo resuelve:
Pronto empezará a darse cuenta de esto: está la voz y
estoy yo escuchándola, observándola. Esta comprensión del Yo soy, esta
sensación de su propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la
mente.
Nueva conclusión y meollo del autoengaño. No comprendo el
interés de seguir manteniendo ese ser llamado yo. Por qué no llamarlo
simplemente atención, observación sin observador. No es una cuestión de gustos,
eso es lo que significa en nuestro idioma, consulta el diccionario.
Y punto y final del autoengaño:
En lugar de "observar al que piensa" usted
puede crear también una brecha en la corriente de la mente simplemente
dirigiendo el foco de su atención hacia el Ahora (…) Esa es la esencia de la
meditación.
Ocurre precisamente al contrario, cuando usted deja de
focalizar su atención el ahora es.
Esa brecha de la que habla será simplemente un intervalo entre
dos pensamientos creado por el pensamiento (la voluntad, la intención de
hacerlo es pensamiento). Para que el ahora sea usted solo puede estar presente
si se da cuenta de que usted es solo pensamiento. Está su cuerpo, su cerebro,
eso es evidente, pero no usted, porque usted es solo su pasado. El cuerpo no es
usted. No es una cuestión de palabras, es un hecho: quién controla la vida de
su cuerpo, el movimiento de su corazón ¿es usted?
Si usted dirige un foco de atención en esa dirección, si dirige
su atención en cualquier dirección, está condicionando su acción desde el
pensamiento y, por tanto, el resultado de esa acción será condicionada y creará
un ahora a su imagen y semejanza.
La meditación es la acción de la mente cuando no está usted.
Mindfulness
He tenido
conocimiento de cierta práctica llamada mindfulness y como parece que tiene
que ver con el ahora investigo al respecto. Veamos qué dicen los especialistas.
Veamos qué saben realmente:
Busco en Google y sigo la primera página que aparece en los resultados.
Busco en Google y sigo la primera página que aparece en los resultados.
Los que dicen que sabe dicen:
La experiencia de
mindfulness se devela y se entrena en una disciplina o práctica llamada
meditación.
Si entendemos por mindfulness la vivencia del ahora no puede
ser una experiencia, pues esta es siempre pasado. Podemos experimentar ahora pero con arreglo a un
patrón establecido, un método, una técnica, un sistema. A ese método le llaman
meditación. Pero ¿es la meditación un método o lo que surge una vez que hemos
desechado todos los métodos?
Según el diccionario de María Moliner
experiencia (del lat. experientĭa)
1 f.
Hecho de presenciar, *conocer o sentir alguien una cosa él mismo, por sí mismo
o en sí mismo: ‘Sé por experiencia lo que es eso’. 5
Circunstancia de haber hecho repetida o duraderamente una cosa, lo que da
habilidad para hacerla: ‘Tiene mucha experiencia de cuidar niños’. 1 *Práctica. 5 Conjunto de
antecedentes, ejemplos o precedentes que se tienen en general o que tiene
alguien sobre cierta cosa: ‘Les falta experiencia política’. 5 *Conocimiento de la vida adquirido viviendo: ‘Déjate
aconsejar por una persona de experiencia’.
2
Situación o *suceso por los que se pasa y con los que se adquiere conocimiento
de la vida: ‘Fue una experiencia dolorosa, pero útil’.
En la experiencia siempre hay alguien que experimenta ¿Puede
alguien experimentar el presente o el presente es aquello donde no hay un
experimentador y, por lo tanto, no hay experiencia?
La práctica se basa en
entrenar el estar presente y consciente en cada momento de nuestra vida; acoger
cualquier cosa que surja en nuestra experiencia, amorosamente y sin juicio;
abrir el corazón para hacernos amigos de nosotros mismos y permitir que surja
la compasión por los demás.
Los mismos términos utilizados denotan que ese entrenamiento, ese acoger, ese abrir el
corazón... lo hace una entidad generada por el pensamiento, y donde hay
pensamiento no puede haber vivencia del ahora, porque el pensamiento es
esencialmente pasado o proyección de este en el futuro.
El Budismo, tradición de la
cual surge la práctica de meditación, es el conocimiento acumulado durante
miles de años por la práctica de la observación directa de la mente y la
realidad a través de prácticas de meditación.
Ese conocimiento acumulado no puede nunca alcanzar algo que
está más allá del tiempo. El ahora es ahora, no ayer ni mañana, no es
conocimiento, pues este se basa en el tiempo, ni puede alcanzarse mediante una
técnica, ya que estas se basan en el tiempo. La comprensión de esta verdad es
ahora o no es nada más que una ilusión, una imagen, una idea.
Consiste básicamente en regresar una y otra vez, a la
experiencia más inmediata de la realidad del momento presente, de manera amable y sin juicio.
Cómo puede alguien regresar
al momento presente, regresar implica tiempo, una y otra vez significa que se va del presente a no se sabe donde.
El sentido común nos indica que del presente nadie se ha movido.
Muchos autores han definido
mindfulness de distintos modos. Algunas de estas definiciones son:
“Darse cuenta, de la
experiencia presente, con aceptación”.
(Germer, Ch. 2005, p. 7)
Hay aquí una contradicción en los términos que indica que el
definidor no entiende lo definido. Ya hablamos de la experiencia y de la exigencia
de un yo que experimente. La aceptación es una forma de pensamiento. En el
presente puede haber pensamiento y este pensamiento es la acción del yo. Si
está el yo ese darse cuenta es simplemente un movimiento del pensamiento y, por
lo tanto, no es completo.
“Prestar atención de manera
particular, como propósito, en el momento presente y sin juicios mentales”
(Kabat Zinn, J.1994, p.4).
La atención no puede ser particular, la atención no es tuya
ni mía y es siempre en el presente, donde hay un propósito no puede haber
atención, el propósito es una idea, un pensamiento.
“La capacidad humana
universal y básica, que consiste en ser conscientes de los contenidos de la
mente, momento a momento” ( Simón, V.
2007, p.8)
Es una presunción o una conclusión decir que es la capacidad
humana universal y básica, toda conclusión sigue estando en el campo del tiempo,
del pensamiento.
“Conciencia Plena es mantener
viva la consciencia en la realidad presente”. (Hanh,T.N. 1976,p.11).
Quién puede mantener viva la consciencia sino la entidad que
llamamos ego. El ahora es, no necesita ser mantenido vivo.
“Estar frente a la desnuda
realidad de la experiencia, observando cada evento como si estuviera ocurriendo
por primera vez” (Goleman, D. 1988,
p.20).
Quién es el que está enfrente sino esa entidad, el yo
pensamiento, que se separa de la realidad, quién es el que observa... no hay “como
si”: todo es por primera (y última) vez en el ahora.
Entonces, ¿qué es realmente el mindfulness? ¿Un truco más
del yo para perpetuarse a sí mismo, un invento de los especialistas para
conseguir sus objetivos (curar a los pacientes mediante una teoría más sobre la
mente o llenarse el bolsillo a su costa)?
No es
cierto que resulte difícil encontrar una palabra que se corresponda con el
significado real que tiene la palabra inglesa mindfulness. Pero un término en
inglés siempre vende más que su correspondiente castellano.
El Cambridge Dictionary Online lo define como:
the practice of being
aware of your body, mind, and feelings in the present moment, which is thought
to create a feeling of calm : Mindfulness can be used to alleviate feelings of anxiety
and depression.
(Definition of mindfulness from the Cambridge
Advanced Learner's Dictionary & Thesaurus © Cambridge University Press)
Mindfulness
significa: atención, circunspección, cuidado. Similar al término
“contemplación”, usado en la mística española, y que significa “Estado de la
persona que está absorta en la contemplación de Dios” (María Moliner), si
entendemos, en un contexto laico, que Dios es el ahora y el ahora es Dios. El
significado etimológico de contemplar
(del latín contemplari) es “mirar atentamente”. El término se crea en
un contexto diferente al de la mística: se encuentra por primera vez en Berceo.
Entre los derivados se halla contemporáneo,
o sea, de la época actual, de ahora (Diccionario
etimológico de Joan Corominas). Lo de “estar absorta” no deja de ser una
interpretación subjetiva o una actitud personal del hecho mismo de mirar, observar
sin opción y atentamente, lo que es.
Si nos atenemos a su significado quizá podamos descubrir un
mindfulness diferente. Alguien quizá pueda ofrecerle unas indicaciones, pero
nadie puede enseñárselo, nadie puede transmitirle una técnica o conocimiento
para vivir el ahora con atención, circunspección, cuidado. Eso es algo que
usted tiene que hacer ahora.
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